05/08/2008

Subcomandante Insurgente Marcos



SCI Marcos: Palabras a la Caravana en La Garrucha, 02:08:08


Palabras del Subcomandante Insurgente Marcos a la Caravana Nacional e
Internacional de Observación y Solidaridad con las comunidades
zapatistas.

Caracol de La Garrucha, 2 de agosto de 2008

Buenas tardes, buenas noches. Mi nombre es Marcos, Subcomandante
Insurgente Marcos, y estoy aquí para presentarles al Teniente Coronel
Insurgente Moisés. Él es el encargado por parte de la Comandancia
General del EZLN del trabajo internacional, lo que llamamos la
Comisión Intergaláctica y la Sexta Internacional, porque, de todos
nosotros, es el único que les tiene paciencia a ustedes.

Vamos a hablar despacio, para la traducción. We will speak slowly, for
the translation. Nous allons parler doucement, pour la traduction.

Queremos agradecerles que hayan venido hasta acá a conocer
directamente lo que está sucediendo con el proceso zapatista, no sólo
con las agresiones que estamos recibiendo, sino también los procesos
que se están construyendo aquí en territorio rebelde, en territorio
zapatista.

Esperamos que lo que vean, que lo que escuchen sirva para que puedan
llevar esa palabra muy lejos: a Grecia, a Italia, a Francia, a España,
al País Vasco, a Estados Unidos y al resto de nuestro país, con
nuestros compañeros de La Otra Campaña.

Ojalá y no vayan a hacer como la llamada Comisión Civil Internacional
de Observación de los Derechos Humanos, que lo único que vino a hacer
aquí, hace unos meses, fue a lavarle las manos al gobierno perredista
de Chiapas, al decir que las agresiones que sufrían nuestros pueblos
no venían del gobierno estatal, sino del gobierno federal.

Quisiera dar una plática de introducción a lo que va a hablar el
Teniente Coronel Moisés. Nos da gusto que haya coincidido con su
visita de ustedes acá que él ande por esta zona. Él es el compañero
que ha seguido más de cerca el proceso de construcción de la autonomía
dentro de las comunidades zapatistas.

Quería explicar, a grandes rasgos, lo que ha sido la historia del EZLN
y de las comunidades indígenas zapatistas en este territorio, en
Chiapas pues. Me refiero a los Altos de Chiapas, la zona del Caracol
de Oventic; la zona tzotz choj, tzeltal-tojolabal, que es la del
Caracol de Morelia; la zona chol que es la de Roberto Barrios, en el
norte de Chiapas; la zona tojolabal o Selva Fronteriza, que es el
Caracol de La Realidad; y ésta que es la zona tzeltal, que es el
Caracol de La Garrucha.

El día de mañana, están invitados a visitar un poblado que tiene
muchos años de ser bases de apoyo del EZLN. Van a tener el honor de
ser guiados por el Comandante Ismael, que está aquí. Este compañero
junto con el Señor Ik
que era su nombre civil<, estuvieron recorriendo estas cañadas,
hablando de la palabra zapatista cuando nadie estaba con nosotros.

Él los va a llevar. Van a ir a ver el lugar donde los soldados estaban
buscando marihuana. Queremos que ustedes vean si hay marihuana. Si
encuentran, no se la vayan a fumar, sino que hagan la denuncia para
destruirla. No, no hay marihuana. Pero no nos creen a nosotros, a lo
mejor a ustedes. A ustedesS ¡menos! Ya que los vean, no les van a
creer nada.

Está también con nosotros el Comandante Masho, aquí a mi derecha.
También es de los compañeros comandantes que acompañaron al Señor Ik,
al Comandante Hugo, cuando apenas empezaba el EZLN en esta cañada. Y
es parte de la Comisión Sexta del EZLN. Estuvo con nosotros en el
noroeste de la República mexicana, recorriendo pueblos indios y
compañeros y compañeras de La Otra Campaña en México, en esa parte del
país.

¿Cómo empezó todo? Hace 24 años, casi 25, llegó un pequeño grupo de
urbanos, o de ciudadanos como les decimos nosotros, no a esta parte de
la selva, sino mucho más adentro, lo que ahora se conoce como la
Reserva de Montes Azules. En esa zona no había nada, mas que animales
salvajes de cuatro patas y animales salvajes de dos patas que éramos
nosotros. Y la concepción de ese pequeño grupo
1983-1984, o sea hace 24 o 25 años< era la tradicional de los
movimientos de liberación en América Latina, es decir: un pequeño
grupo de iluminados que se alza en armas contra el gobierno. Y eso
provoca que mucha gente los siga, se levante, y se tumbe al gobierno,
y se instale un gobierno socialista. Estoy siendo muy esquemático,
pero básicamente es lo que se conoce como la teoría del ³foco
guerrillero².

Ese pequeño grupo, de los que quedamos entonces, tenía esa concepción
tradicional, clásica u ortodoxa, si la quieren llamar así, pero tenía
también una carga ética y moral que no tenía precedentes en los
movimientos guerrilleros o armados en América Latina. Esta herencia
ética y moral venía de otros compañeros que ya habían muerto,
enfrentándose al ejército federal y a la policía secreta del gobierno
mexicano.

Durante todos esos años, estábamos solos. No había compañeros en los
pueblos. Nadie de Grecia venía a vernos. Ni de Italia ni de Francia ni
de España ni del País Vasco. VayaS ¡Ni de México! Porque éste era el
rincón más olvidado de este país. Eso que era algo en contra, más
adelante se iba a convertir en una ventaja: el hecho de estar aislados
y olvidados nos permitió, entonces, hacer un proceso de involución.
Alguno que sea ortodoxo conocerá el libro que dice ³la transformación
del mono en hombre². En ese entonces, fue al revés: el hombre se
transformó en mono, que era lo que éramos nosotros. Incluso
físicamente, por eso uso pasamontañas pues. Es una cuestión de
estética y buen gusto que hay que taparse la cara.

Este pequeño grupo sobrevivió a la caída del Muro de Berlín, al
derrumbe del campo socialista, a la claudicación de la guerrilla en
Centroamérica
que alguna vez se llamó el Frente Sandinista de Liberación Nacional,
en Nicaragua. Y más después, la unión revolucionaria de Guatemala, la
URNG<.

Lo que lo hizo sobrevivir fueron dos elementos, según nosotros: Uno,
era la necedad o la terquedad que, probablemente, esa gente traía en
el DNA. Y la otra, fue la carga moral y ética que había heredado de
los compañeros y compañeras que habían sido asesinados por el
ejército, en estas montañas precisamente.

Las cosas se hubieran quedado ahí, con dos opciones: Un pequeño grupo
que pasa décadas encerrado en la montaña, esperando algún momento que
pasa algo y puede actuar dentro de la realidad social. O terminar,
como alguna parte de la izquierda radical en México entonces, como
diputados, senadores, o presidentes legítimos de la izquierda
institucional en México.

Pasó algo que nos salvó. Nos salvó y nos derrotó en esos primeros
años. Y lo que pasó está sentado aquí a mí izquierda, que es el
Teniente Coronel Insurgente Moisés, el Comandante Masho, el Comandante
Ismael y muchos otros compañeros que convirtieron el EZLN, de un
movimiento guerrillero foquista y ortodoxo, en un ejército de indígenas.

No se trataba sólo de que era un ejército mayoritariamente compuesto
por indígenas. MayoritariamenteS me estoy cubriendo porque, en
realidad, de cada 100 combatientes, 99 eran indígenas y uno era
mestizo. No sólo eso, sino que ese ejército y su concepción sufrió una
derrota en su planteamiento iluminador, su planteamiento de dirección,
caudillista, revolucionario clásico, donde un hombre, o un grupo de
hombres, se convierte en el salvador de la humanidad, o del país.

Lo que pasó, entonces, es que ese planteamiento fue derrotado a la
hora que confrontamos a las comunidades y nos dimos cuenta, no sólo
que no nos entendían, sino que su propuesta era mejor.

Algo había pasado en todos los años previos, décadas previas, siglos
anteriores. Nos estábamos enfrentando a un movimiento de vida, que
había logrado sobrevivir a los intentos de conquista de España, de
Francia, de Inglaterra, de Estados Unidos, y de todas las potencias
europeas, incluyendo la Alemania nazi en 1940-1945. Lo que había hecho
resistir a esta gente, a estos nuestros compañeros y compañeras
primero, y, luego, nuestro jefes y jefas ahora, había sido un apego a
la vida que tenía que ver mucho con la carga cultural. La lengua, el
lenguaje, la forma de relacionarse con la naturaleza presentaba una
alternativa no sólo de vida, sino de lucha. No les estábamos enseñando
a nadie a resistir. Nos estábamos convirtiendo en alumnos de esa
escuela de resistencia de alguien que llevaba cinco siglos haciéndolo.

Los que venían a salvar a las comunidades indígenas, fueron salvados
por ellas. Y encontramos rumbo, destino, camino, compañía y velocidad
para nuestro paso. Lo que, entonces y ahora, llamamos ³la velocidad de
nuestro sueño².

El EZLN tiene muchas deudas con ustedes, con gente como ustedes, en
México y en todo el mundo, pero nuestra deuda fundamental está en
nuestro corazón: en el corazón indígena. En esta comunidad y en miles
de comunidades como ésta, que están pobladas por compañeros bases de
apoyo zapatistas.

En el momento en que el pequeño grupo guerrillero hace contacto con
los pueblos, hay un problema y una lucha. Yo tengo una verdad
grupo guerrillero<, y tú eres un ignorante, te voy a enseñar, te voy a
adoctrinar, te voy a educar, te voy a formar. Error y derrota.

A la hora que se empieza a construir el puente del lenguaje, y
empezamos a modificar nuestra forma de hablar, empezamos a modificar
nuestra forma de pensarnos a nosotros mismos y de pensar el lugar que
teníamos en un proceso: Servir.

De un movimiento que se planteaba servirse de las masas, de los
proletarios, de los obreros, de los campesinos, de los estudiantes
para llegar al poder y dirigirlos a la felicidad suprema, nos
estábamos convirtiendo, paulatinamente, en un ejército que tenía que
servir a las comunidades. En este caso, las comunidades indígenas
tzeltales, que fueron las primeras donde nos instalamos, que fue en
esta zona.

El contacto con los pueblos significó un proceso de reeducación más
fuerte y más terrible que los electroshocks que acostumbran en las
clínicas siquiátricas. No todos lo soportaron, algunos sí lo
soportamos, pero nos seguimos quejando todavía a estas alturas del
partido.

¿Qué pasó después? Lo que pasa es que el EZLN se convierte en un
ejército de indígenas, al servicio de los indígenas, y pasa de los
seis con que empezamos el EZLN, a más de seis mil combatientes.

¿Qué es lo que detona el alzamiento del primero de enero de 94? ¿Por
qué decidimos alzarnos en armas? La respuesta está en los niños y en
las niñas. No fue un análisis de la coyuntura internacional.
Cualquiera de ustedes estará de acuerdo conmigo en que la coyuntura
internacional no era propicia para un alzamiento armado. El campo
socialista había sido derrotado, todo el movimiento de izquierda en
América Latina estaba en una etapa de repliegue. En México, la
izquierda estaba llorando la derrota después de que Salinas de Gortari
no sólo había hecho un fraude, sino había comprado a buena parte de lo
que era la conciencia crítica de la izquierda en México.

Cualquiera mínimamente razonable nos hubiera dicho: no hay
condiciones, no se alcen en armas, entreguen las armas, entren a
nuestro partido, etcétera, etcétera. Pero hubo algo adentro que hizo
que desafiáramos esos pronósticos y esas coyunturas internacionales.

El EZLN entonces se plantea, por primera vez, desafiar el calendario y
la geografía de arriba. Los niños y las niñas, les dije. Ocurrió que
en esos años, a partir del principio de los noventa, de 1990, hubo una
reforma que impedía que los campesinos pudieran acceder a la tierra.
La tierra, como van a ver mañana, cuando suban la loma que va hacia el
pueblo de Galeana, ésa era la tierra que tenían los campesinos:
laderas empinadas, llenas de piedra. Las buenas tierras estaban en
manos de los finqueros. En los próximos días, van a ir a ver, también,
esas fincas y van a poder ver la diferencia entre la calidad de tierra.

Se acabó la posibilidad de acceder a un terreno de tierra. Y, al mismo
tiempo, las enfermedades empezaron a acabar con los niños y con las
niñas. De 1990 a 1992, no había niño, en la Selva Lacandona, que
llegara a los cinco años. Antes de los cinco años, morían de
enfermedades curables. No era el cáncer, no era el SIDA, no eran
enfermedades del corazón, eran enfermedades curables: tifoidea,
tuberculosis, y, a veces, una simple calentura era la que mataba a
niños y a niñas menores de cinco años.
Yo sé que en la ciudad esto puede ser hasta una ventaja: mientras
menos burros, más olotes, dicen. Pero en el caso de un pueblo
indígena, la muerte de su niñez significa su desaparición como pueblo.
O sea, en el proceso natural, los adultos crecen, se hacen ancianos y
mueren. Si no hay niños, esa cultura desaparece.

La mortandad de los indígenas, de los niños y de las niñas indígenas,
agudizó todavía el problema. Pero la diferencia que había aquí al
resto de otros pueblos indios, es que aquí había un ejército rebelde,
armado. Fueron las mujeres las que empezaron a empujar esto. No fueron
los hombres. Yo sé que la tradición en México
Infante y todo eso< es que los hombres somos muy machos. Pero no fue
así. Quienes empezaron a empujar: hay que hacer algo, ya no, y ya
basta, fueron las mujeres, que veían morir a sus hijos y a sus hijas.

Empezó a haber una especie de rumor en todas las comunidades: hay que
hacer algo, ya basta, ya basta, en todas las lenguas. Para entonces,
ya estábamos también en la zona de los Altos. Y ahí teníamos dos
compañeras que habían sido, y son todavía, la columna vertebral en ese
trabajo: la finada Comandanta Ramona y la Comandanta Susana.

Por diversas partes empezó a surgir esta inquietud, esta molestiaS
Vamos a decirlo por su nombre: esta rebeldía en las mujeres
zapatistas, que había que hacer algo. Nosotros hicimos lo que teníamos
que hacer, entonces, que era preguntarle a todos qué íbamos a hacer.
Hubo, entonces, en 1992, una consulta
del Distrito Federal, sin nada de lo que hay ahora<, y pueblo por
pueblo se pasó y se realizaron asambleas
ahorita<. Se planteaba el problema. La disyuntiva era muy sencilla: si
nos alzamos en armas, nos van a derrotar, pero va a llamar la atención
y van a mejorar las condiciones de los indígenas. Si no nos alzamos en
armas, vamos a sobrevivir, pero vamos a desaparecer como pueblos indios.
La lógica de muerte es cuando nosotros decimos: no nos dejaron otra
opción. Ahora, después de catorce, casi quince años, nosotros
llevamos más tiempo aquí< decimos: qué bueno que no teníamos otra
opción.

Los pueblos dijeron: para eso estás, pelea, pelea con nosotros. No se
trataba sólo de una relación formal, de mando. Porque formalmente era
al revés: formalmente, el EZLN era el mando y los pueblos eran los
subordinados. Pero en los hechos, en la realidad, era al contrario:
los pueblos sostenían, cuidaban y hacían crecer al Ejército Zapatista
de Liberación Nacional.
En ese entonces, fue importante también la participación de un
compañero mestizo, de la ciudad, el Subcomandante Insurgente Pedro,
que cae combatiendo el primero de enero del 94.

Cuando llevamos esa disyuntiva y los pueblos dicen ³alcémonos en
armas², el cálculo militar que hicimos
vez lo recuerda bien porque fue en esta montaña que está aquí a
espaldas del pueblo, allá arriba, en un campamento que teníamos, hubo
una reunión de todos los mandos zapatistas<, el planteamiento que yo
les hice fue éste: tenemos que pensar lo que vamos a hacer, porque
cuando empecemos a echar andar algo no se va a poder dar marcha atrás.

Si nosotros le empezamos a preguntar a la gente si nos alzamos en
armas o no, ya no vamos a poder detener. Sabíamos y sentíamos que la
respuesta iba a ser sí. Y sabíamos y sentíamos que los que iban a caer
éramos los que estábamos reunidos en estas montañas, aquí arriba de La
Garrucha.

Pasó lo que pasó. No les voy a contar el primero de enero de 94,
porque ustedes empiezan a saber de nosotros
otros apenas estaban muy chavitos<, y se abre una etapa de
resistencia, decimos nosotros, donde se pasa de la lucha armada a la
organización de la resistencia civil y pacífica.

Algo pasó en todo este proceso que quiero llamar la atención, que es:
el cambio en la posición del EZLN respecto al problema del poder. Y
esta definición frente al problema del poder es la que va a marcar de
manera más honda la huella en el camino zapatista. Nosotros nos
habíamos dado cuenta
comunidades, no sólo el primer grupo<, nos habíamos dado cuenta que
las soluciones, como todo en este mundo, se construyen desde abajo
hacia arriba. Y toda nuestra propuesta anterior, y toda la propuesta
de la izquierda ortodoxa, hasta entonces, era al revés, era: desde
arriba se solucionan las cosas para abajo.

Este cambio de abajo para arriba significaba para nosotros no
organizarnos, ni organizar a la gente para ir a votar, ni para ir a
una marcha, ni para gritar, sino para sobrevivir y para convertir la
resistencia en una escuela. Esto fue lo que hicieron los compañeros,
no el EZLN original, aquel pequeño grupo, sino el EZLN ya con este
componente indígena. Esto que ahora se conoce a grandes rasgos como la
construcción de la autonomía zapatista, es un proceso que les va a
detallar ahora el Teniente Coronel Insurgente Moisés.

Antes de eso, quería yo señalar algunas cosas. Se dice, no sin razón,
que en los últimos dos años, el 2006, el 2007, el Subcomandante Marcos
trabajó, con empeño y con éxito, en destruir la imagen mediática que
se había construido en torno a él. Y les llama la atención cómo gente
que antes estaba cerca, ahora se han alejado o se han vuelto,
definitivamente, anti-zapatistas. Algunos de ellos fueron a sus países
a dar pláticas y fueron recibidos como si fueran los que se alzaron en
armas. Eran los zapatólogos, dispuestos a viajar con todos los gastos
pagados, a recibir los aplausos, las caravanas y alguno que otro
favor, cuando viajaban al extranjero.

¿Qué pasó? Les voy a decir cómo lo vemos nosotros. Ustedes tendrán su
visión. A la hora que se alza el EZLN, surgeS Voy a explicarme: aquí
en las zonas indígenas se habla mucho de ³los coyotes². Los coyotes,
quiero hacer la diferencia porque para los yaquis y los mayos el
coyote es muy chingón, pues, es emblemático. En Chiapas no. El coyote
es el intermediario. Es alguien que compra barato a los indígenas, y
luego revende caro en el mercado.

Cuando se da el alzamiento zapatista, surgen lo que nosotros llamamos
los intermediarios de la solidaridad. O sea, los coyotes de la
solidaridad. Esta gente que decía, y aún dice, que tiene la
interlocución con el zapatismo, que tienen el teléfono rojo, que son
los que saben cómo está la cosa aquí, y eso les significa un capital
político. Vienen y traen alguna cosita, o sea pagan barato, y van y se
presentan como los emisarios del EZLN: cobran caro.

La aparición de este grupo de intermediarios, donde había políticos,
intelectuales, aristas y gente del movimiento social, nos ocultó a
nosotros la existencia de otras cosas, de otros abajos. Nosotros
intuíamos que la España de abajo estaba ahí; que el País Vasco en
rebeldía estaba ahí; que la Grecia rebelde estaba ahí; que la Francia
insurrecta estaba ahí; que la Italia de lucha estaba ahí; pero no la
veíamos. Y temíamos, entonces, que ustedes tampoco nos vieran a
nosotros.

Estos intermediarios organizaban y hacían cosas cuando estábamos de
moda, y cobraban su capital político. Así como hay quien organiza
conciertos, que dice que son para acá y se queda con una parte: cobra
como su salario, o lo que le toca a su organización.

Había otro abajo. Nosotros siempre teníamos esa idea: el zapatismo
siempre se ha planteado que no es el único rebelde, ni el mejor. Y
nuestra concepción no era crear un movimiento que hegemonizara toda la
rebeldía en México, o toda la rebeldía a nivel mundial. Nunca
aspiramos a una internacional, a la quinta internacional o ya no sé en
cuál vayan <¿Alejandro? Ya va la Sexta, pero ésta es otra, ésta es La
Otra Internacional. El compañero sabe de internacionales<.

¿Qué pasó? Yo les voy a decir algunas cosas que para ustedes no serán
novedad. El cuento de una izquierda institucional está perfectamente
claro para los españoles, con Rodríguez Zapatero o Felipe González;
para el País Vasco
< Euskal> rebelde tampoco debe ser una novedad; y Grecia, bueno, nos puede
explicar también mucho de eso; desde Miterrand, el barón, en Francia,
igual.

En México, no. Sigue habiendo esa expectativa: que es posible que la
izquierda que padecemos ahora, si llega al poder, lo va a hacer
impunemente. Quiere decir: va a poder llegar a gobernar sin dejar de
ser de izquierda. España, Italia, Francia, Grecia, prácticamente todos
los países del mundo, pueden dar cuenta de lo contrario: de gente de
izquierda, consecuente
<, necesariamente> en que llega al poder, deja de serlo. Varía la velocidad, varía la
profundidad, pero indefectiblemente, se transforman. Eso es lo que
nosotros llamamos ³el efecto estómago² del poder: o te digiere o te
hace mierda.
Este acercamiento, en México, de la izquierda o de lo que se
autodenomina izquierda, al poder
en un periódico que yo no estaba aquí, que estaba en la Ciudad de
México, en las fiestas de la izquierda, no sabía que había izquierda
en la Ciudad de México y hacen fiestasS. Sí hay todavía, pero es Otra
izquierda pues<; en el momento en que se presentó la posibilidad del
poder, empezó a surgir este proceso de digestión y defecación del
poder sobre esa izquierda. A los zapatistas, y a todo aquel que se
puso en el centro
no está en el centro, está pegado a la derecha. Es el otro lado, a la
derechaS bueno, a la derecha de ustedes<S

Entonces, nosotros teníamos que, se nos pedía por este grupo de
intelectuales, artistas, líderes sociales, que volviéramos la historia
hasta 1984, cuando pensábamos que un grupo, o una persona, si llega al
poder, transforma todo hacia abajo. Y que nosotros depositáramos la
confianza, el futuro, nuestra vida y nuestro proceso, a un iluminado,
a una persona, junto con una banda de 40 ladrones que es la izquierda
en México.

Nosotros dijimos que No. No es que nos sea antipático el presidente
legitimo, sino simple y sencillamente no creemos en ese proceso. No
creemos que alguien, ni siquiera alguien tan guapo como el
Subcomandante Marcos, sea capaz de hacer esa transformación <BUENO,
las piernas<. Nosotros no podíamos hacer eso, y entonces se da la
ruptura.

Yo quiero llamarles la atención sobre una cosa: entonces, dijimos lo
que iba a pasar. Lo que está pasando ahorita. Cuando nosotros lo
dijimos, dijeron que le estábamos haciendo el juego a la derecha. A la
hora, ahora, que están repitiendo, hasta con nuestras mismas palabras,
lo que dijimos hace dos años, se dice que es para hacerle un servicio
a la izquierda.

El zapatismo es incómodo. Como si en el rompecabezas del poder llegara
una pieza que no encaja y que hay que deshacerse de ella. De todos los
movimientos que hay en México, uno de ellos
<,> zapatismo, es incómodo para esta gente. Es un movimiento que no
permite conformarse, que no permite rendirse, que no permite
claudicar, que no permite venderse. Y en los movimientos de arriba ésa
es la lógica, eso es lo racional. Es la ³real politik², como dicen.

Entonces, se da este distanciamiento que, poco a poco, empieza a
permear hacia los sectores internacionales, en América Latina y en
Europa, fundamentalmente. En ese trayecto, sin embargo, se
construyeron relaciones más sólidas. Por mencionar alguna, la de los
compañeros de la CGT de España, el movimiento cultural rebelde del
País Vasco, la Italia social y, más recientemente, la Grecia rebelde e
insumisa que hemos encontrado.

Este corrimiento a la derecha se oculta de la siguiente forma, se
dice: ³el EZLN se radicalizó y se hizo más de izquierda². Disculpen,
pero nuestro planteamiento sigue siendo el mismo: no buscamos la toma
del poder, pensamos que las cosas se construyen desde abajo. Y lo que
ocurrió es que esos sectores, los intermediarios de la solidaridad,
los coyotes internacionalistas, o la internacional del coyotaje, se
habían corrido a la derecha. Porque el poder no te deja acceder a él
impunemente.

El poder es un club exclusivo, que tiene determinados requisitos para
entrar a él. Lo que los zapatistas llamamos ³la sociedad del poder²
tiene reglas. Y sólo se puede acceder a él si se cumplen determinadas
reglas. Cualquiera que busque la justicia, la libertad, la democracia,
el respeto a la diferencia, no tiene posibilidad de acceder ahí, a
menos que claudique de esas ideas.

Cuando nosotros empezamos a ver este corrimiento a la derecha del
sector aparentemente más zapatista, empezamos a preguntarnos por qué
había abajo, qué había detrás. Para ser sinceros, empezamos al revés:
empezamos en el mundo, o sea internacionalmente, y luego nos
preguntamos por México.

Por razones que tal vez ustedes puedan explicar, la cercanía del
zapatismo fue más fuerte con otros países que con México. Y fue más
fuerte en México que con la gente de Chiapas. Como si hubiera una
relación inversa en la geografía: quien vivía más lejos, estaba más
cerca nuestro, y quien vivía más cerca, estaba más alejado de nosotros.

Llegó la idea de buscarlos, con la intuición y el deseo de que
existieran: ustedes, otros como ustedes. Vino la Sexta Declaración, la
ruptura definitiva con este sector de los coyotes de la solidaridad. Y
la búsqueda, en México y en el mundo, de otros que fueran como
nosotros, pero que fueran diferentes.

Además de esta posición frente al poder, hay una característica
esencial en el zapatismo
aquí, o si hablan con los Consejos Autónomos y con las Juntas de Buen
Gobierno, o sea con las autoridades autónomas<: la renuncia a
hegemonizar y homogeneizar la sociedad. Nosotros no pretendemos un
México zapatista, ni un mundo zapatista. No pretendemos que todos se
hagan indígenas. Nosotros queremos un lugar, aquí, el nuestro, que nos
dejen en paz, que no nos mande nadie. Eso es la libertad: que nosotros
decidamos lo que queremos hacer.

Y pensamos que sólo es posible, si otros como nosotros quieren y
luchan por lo mismo. Y se establece una relación de compañerismo,
decimos nosotros. Eso es lo que quiere construir La Otra Campaña. Eso
es lo que quiere construir la Sexta Internacional. Un encuentro de
rebeldías, un intercambio de aprendizajes y una relación más directa,
no mediática, sino real, de apoyo entre organizaciones.

Hace unos meses, vinieron aquí compañeros de Corea, de Tailandia, de
Malasia, la India, Brasil, España, de Vía Campesina.

Nosotros los vimos en La Realidad, estábamos ahí
con ellos. Y cuando hablamos les dijimos: el encuentro entre
dirigentes, para nosotros no vale nada. Ni siquiera la foto que se
tomen. Si las dirigencias de dos movimientos no sirven para que los
movimientos se encuentren y se conozcan, esas dirigencias no sirven.

Nosotros les decimos lo mismo, ahora, a cualquiera que viene a
proponer eso. Lo que nos interesa es lo que está detrás: ustedes,
otros como ustedes. No podemos ir a Grecia, pero podemos hacer el
cálculo y decir que de los que quisieron venir, no están todos aquí.
¿Cómo podemos hablar con esos otros? Y decirles que no queremos
limosna, que no queremos lástima. Que no queremos que nos salven la
vida. Que queremos un compañero, una compañera, y unoa compañeroa en
Grecia, que luche por lo suyo. En Italia, en el País Vasco, en España,
en Francia, en Alemania, Dinamarca, Suecia
países, porque qué tal que me falta uno y viene la protesta

¿Para dónde miramos nosotros? Cuando les hago este rápido recorrido,
les hablo de una herencia moral y ética de los que nos fundaron. Tiene
que ver, sobre todo, con la lucha y el respeto por la vida, por la
libertad, por la justicia y por la democracia. Nosotros tenemos una
deuda moral con nuestros compañeros. No con ustedes, no con los
intelectuales que se alejaron, no con los artistas ni con los
escritores, ni los líderes sociales que ahora son anti zapatistas.

Nosotros tenemos una deuda con aquellos que murieron luchando. Y
nosotros queremos que llegue el día en que nosotros podamos decirles a
ellos y a ellas, a nuestros muertos y a nuestras muertas, tres cosas
nada más: no nos rendimos, no nos vendimos, no claudicamos.



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